Stranger than Fiction

Stranger Than Fiction: cuando la ficción supera a la ficción

Stranger Than Fiction (2006) es de esas películas que nos deja pensando y, por más que le demos vueltas al asunto sobre su supuesta inverosimilitud, la historia siempre funciona.

En Stranger Than Fiction funciona el “teatro dentro del teatro”, uno de los grandes éxitos del Barroco. Se trata de una estructura que se desliza entre textos que se meten uno dentro de otros, igual que las muñecas rusas. Algo así sucede en esta película.

Una escritora – una Emma Thompson, medio sobre actuada, pero genial al fin- tiene un bloqueo y no logra terminar su novela que será, al parecer, su obra máxima. Un hombre –impecable, Will Ferrell-, se da cuenta que hay en su vida una voz que lo narra. También comienza a ser conciente de que él no es de “carne y hueso”, sino que es un personaje salido del teclado de alguien más. Los límites se desdibujan y Harold decide consultar con un experto en literatura. Mientras tanto, la escritora está al borde de un colapso porque su creatividad está casi disuelta.

Hay un detalle – o varios

Harold conoce a una pastelera –una exquisita Maggie Gyllenhaal-, ex estudiante de Harvard; ambos se enamoran. El amor se produce como un texto nuevo para el protagonista, pero durante el film tememos que también ella sea parte de la ficción. Mientras avanza la historia, la irrealidad de la situación se vuelve aún más tremenda cuando Harold comienza a buscar a su creadora porque se entera de que ella va a matarlo.

Las barreras de la ficción y la realidad de la ficción del film estallan en la pantalla. El final es sorprendente, tierno y aleccionador; hasta parece una de esas enseñanzas de la antiquísima Edad Media. Sin embargo, como anunciamos al inicio, el celuloide se sigue rodando en nuestra mente. Y quizás sea por eso que la película no tuvo tanto éxito: la referencia a lo plano del día a día hace que nos obligue a pensar hasta qué punto es posible cambiar el destino, hasta qué punto es posible narrarnos de otra manera. Y aún más complicado: qué tanto de ficción y realidad tiene nuestra vida. Si la pescan por ahí, véanla y me cuentan.

La secuencia inolvidable: Harold tocando la guitarra; ella en la cocina de su casa. Curiosidades: Queen Latifah y toda su espectacularidad como artista; las tentadoras delicias que salen del horno de Ana. Lo nada novedoso: Dustin Hoffman haciendo de Dustin Hoffman.

Stranger Than Fiction (2006), #beso.

Stranger than fiction (2006)

#Cinecontextos #Lavidaestexto

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