Escribir en línea, extraña odisea

Aunque muchos no lo queramos aceptar y, de hecho, suene lejano, futurista –al mejor estilo 2001: Una odisea en el espacio-, la mayoría del planeta se dedica a escribir en línea su propia vida digital, que al fin de cuentas, (a veces) se siente muy extraña.

Todos los días de la vida escribimos algo

Escribir en línea es una cotidianidad evidente. Dentro de las características de esta novedosa existencia, cada vez más potente y “real”, la escritura, junto con las imágenes, tiene un papel protagónico. Escribimos, escribimos y escribimos digitalmente y con un teclado de por medio –chico, mediano o grande-. Parece aún más raro si lo ponemos así, pero de este modo es cómo ocurre. La escritura ha pasado a ser parte de nuestro modus operandi: no transcurre un solo día sin que hayamos escrito algo en alguna pantalla.

Puede que las palabras se vuelvan «perfectas extrañas»

Entonces, las letras se extrañan y no en el sentido de que nos hacen falta. Todo lo contrario. Justamente, como las utilizamos demasiado, se produce lo que cierta vez los formalistas rusos y, por supuesto, la vanguardia literaria llamaron extrañamiento o distanciamiento. Se trata de una desfamiliarización del lenguaje. Lo que decimos, escribimos y hasta sentimos no se produce en un ambiente de naturalidad, sino que sucede una rarificación de las palabras.

Escribir en línea o nuestra propia vida digital

Es como si hubiese un tamiz de vida digital que cuela nuestros contextos, textos: cuando el mensaje llega, se vuelve extraño, nuevo y hasta, bien a lo Umberto Eco, con miles de interpretaciones. Algunas con final feliz y otras no tanto.

¿Qué nos queda?

¿Quejarnos y gritar a regaña dientes que están deformando la lengua, que la gente ya no escribe con buena ortografía, que todos los tipos de envíos instantáneos han desvirtuado una simple y llana comunicación telefónica? Pues, no. Pensar así sería por demás facilista y gruñón. Mejor es pensar que ese extrañamiento del que hablamos logra que estemos un poquito más cerca, aunque la lejanía esté planteada como un hecho contundente y, a veces, doloroso. Es mejor pensar que peor es nada y que, después de todo, el lenguaje hablado también es siempre una forma de extrañamiento.

escribir en línea
Escribir nuestra vida en línea

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