Mar del Plata. Tormenta.

Nuestro lugar en el mundo

Muchas veces y en extremas situaciones de estrés, cuando es difícil tomar una decisión, dormir, comer, relacionarse con los y las demás, disfrutar de cosas que nos gustan, es bueno imaginarse nuestro lugar en el mundo que nos calme y nos dé seguridad.

Pero, ¿dónde?

Nuestro lugar en el mundo, ese espacio exclusivo, puede estar entre los mapas del mundo o, más bien, establecerse en ciertos textos de nuestra memoria. Quizás, podría ser algún sitio donde fuimos felices que quedará siempre en el recuerdo de un tiempo y que es posible hacer volver cuando queramos.

Algunos problemas

En ocasiones, también es placentero quedarse ahí con música que nos acompañe, junto con olores y sabores nuestros. Entonces, la mente logra lo que para nosotros en nuestra consciencia es imposible: dejarnos llevar y fluir un poco. El problema es que se torna complicado vivir en la imaginación y los sentidos de una zona sin mapa, sin una cartografía actualizada entre nuestros recuerdos, en ese sitio extraordinario que hemos elegido como nuestro lugar en el mundo

nuestro lugar en el mundo
Mar del Plata, Argentina.

Cómo resolverlos

La pregunta es retórica. Los planos de nuestra mente son como un libro que nos gusta: se escribe infinitamente con la creatividad, siempre con la marea inconsciente a nuestro favor. Así que cuando necesiten un espacio donde ir, dejen que fluya para que aparezca esa zona feliz, que seguro tienen dentro de sus planisferios imaginables.

La verdad de nuestro lugar en el mundo

La verdad es que no es tan fácil lograrlo, pero si cuentan con lecturas cercanas, películas perfectas o canciones sin iguales, no les queda más que atravesarse la barrera del sonido del arte. Después, sólo habrá que fusionar y fusionar hasta que su, nuestro lugar en el mundo sea un hecho tan tangible que lo podamos llevar adonde queramos y cuando queramos.

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pixabay.es

Mapas digitales que nos acercan

Pareciera que en estos tiempos de espacios digitales los mapas realmente no existiesen. Pero sí existen. Sin importar la distancia geográfica, todo o casi todo puede verse, escucharse y hasta sentirse.

Estos mapas digitales e intangibles se aproximan muchísimo a las constelaciones. Su impacto visual es enorme, espectacular, emocionante, y también impalpable. Ahora bien, la cartografía llegó a los grandes navegantes a espacios imposibles de imaginar, que incluso se postulaban como inalcanzables. No obstante, nos encontramos en una brecha de la historia única, precisamente, por eso, porque podemos estar en casi (es justo hacer la aclaración) todos los lugares del mundo. Ahora, ¿cómo sucede? Hoy en día, la respuesta es más que evidente.

mapas digitales

Una nave nodriza, llamada tecnología

Nos lleva (felizmente) por todos lados. La red, configurada por estos interminables textos e imágenes sobre nuestras pantallas, nos embarca hasta los contornos de cada uno de los mapas digitales dentro y fuera del planeta y fuera. Nos enteramos de todo o casi todo y en tiempo real o desfasado; da lo mismo.

A la felicidad por la electrónica

Aunque suene bien retro, ya lo decía Fangoria en el segundo sencillo de Un día cualquiera en Vulcano S.E.P. 3.0  allá en 1996: «A la felicidad con la electrónica». Ser testigos de un evento increíble, un concierto genial, una cultura única, la cocina de mi abuela o la hazaña nueva de nuestros sobrinos, nos sitúa de un modo excepcional en los mapas digitales de la historia humana.

Compartir como nunca antes

Y a pesar de que los sentidos se queden cortos, es lindo tener la posibilidad de ver, escuchar y sentir desde coordinadas distintas, a veces, muy, pero muy alejadas de nuestro centro, la vida que nos rodea, mientras nos hace saber que sí somos parte de ella. Ni les cuento, lo que significa compartir como lo estamos haciendo y como ningún otro ser humano lo había hecho antes.

Björk. Desired Constellation.

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