Unorthodox

Unorthodox de Netflix: un feminismo mal hecho

Ya sabemos que las producciones de Netflix tienen sus bemoles y sus modas. Incluso, aún un feminismo mal hecho. Aunque Unorthodox (2020) tiene las mejores intenciones, no basta para que, de verdad, sea una serie brillante.

Feminismo en línea, y una hechura que deja mucho mucho que desear

Apenas estrenaron Unorthodox, las redes sociales y los sitios sobre televisión y no tanto llovían publicaciones de lo increíble y genial que era la serie. Ni hablar de algunos espacios feministas que se rasgaban las vestiduras por la demostración de opresión de Esther “Esthy” (Shira Hass), quien se escapa de su comunidad judía en New Jersey para ir a buscar a su mamá en Berlín y hacer una nueva vida. Pues, la trama “tan original y atrevida” no basta. Caer en las redes de un feminismo mal realizado, tampoco.

Los aciertos de Unorthodox

Resulta que Esthy se va de Satmar, una secta judía perteneciente al movimiento jasídico, porque, a pesar de que hace su mejor esfuerzo para estar con su marido y procrear, no lo logra y sufre cada vez más. Entonces, durante todo el relato somos testigos de una mujer que lucha entre lo que siempre supuso que era y quería ser, y otra que se da cuenta de que no puede hacer tal cosa.

Un cuerpo que no quiere estar ahí

En un momento, la joven de 19 años, dice que Dios le ha pedido demasiado. De nuevo, surge la «identificación feminista», que no cuida los detalles y se transforma (casi) en un feminismo de moda. ¿Quién no ha sentido que Dios (la sociedad, la familia, ella misma) no le han exigido algo que no conseguimos dar? Realmente, el pedido de Dios, punto clave en la historia, aunque ilustra lo feminista, se pierde en otros sinsabores que podrían haber sido aprovechados mucho mejor. No obstante, lo acertado de este punto en la serie, no es esta frase leitmotiv, sino cómo la actriz protagónica es capaz de mantener esta tensión los cuatro episodios que dura la serie. Y, sí, sentimos ese horrible malestar de un cuerpo que no quiere estar ahí, empezando por tener que raparse el pelo y terminando por la obligación de tener sexo con alguien que apenas conoce, y lo único que debe hacer es fecundarla.

Poco ortodoxa no es lo mismo que no ortodoxa

Hasta ahora, Poco ortodoxa, como desafortunadamente la titularon en Latinoamérica -¿acaso no sabe la gente que hacen estas traducciones que no es lo mismo no ser ortodoxa a ser poco ortodoxa?- hace una exposición fundamental de la terrible tiranía de este tipo de religiones para quienes se permiten dudar ser parte o no de ahí. Por supuesto, este nombre suena más que bien y dan ganas irrefrenables de verla. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro, y no todo lo que parece una serie feminista bien hecha lo es.

Unorthodox

Los errores de Unorthodox

Ya hemos mencionado que el nombre de la serie en español es absolutamente errado, inexacto y bastante mediano, por no decir mediocre.

Ahora:

El casting de la serie es pésimo.

Ninguna de las actuaciones se rescata. Ni la del esposo Yanky Shapiro (Amit Rahav), ni la del primo Moishe, ni de la madre, ni la de sus nuevos colegas de la música, tan «europeos» y estereotipados.

La narración de Unorthodox engancha porque es de lo más comercial y tradicional del mundo.

Una vez, hace mucho tiempo, tomé un curso de cine donde me enseñaron que Flashdance (1984) respondía a un relato convencional: la historia comienza a subir su clímax de a poco, luego llega al pico y cae en un final feliz. ¿A que les hizo acordar a una de las infalibles de Disney, que por cierto se toman el feminismo de moda, muchísimo más a pecho? Frozen es un gran ejemplo de un relato audiovisual comercial, pero bien llevado a la pantalla.

Un guion hecho con las patas

Pero lo peor de todo, y lo que hace tambalear la serie para quienes somos exigentes en cuanto a televisión en streaming, es el erróneo guion: son intolerables los lugares comunes de la serie, tan poco (ortodoxos, by the way, y verosímiles): la madre que siempre la amó, pero que la echaron y nunca le dijo a su hija por qué la había abandonado (¿?) en ese horroroso lugar. Inexcusable. No obstante, claro, la mamá también la pasa mal: por no tener educación, ya que ella también ha sido una mujer judía encerrada, debe trabajar cuidando ancianos y ancianas…Sin comentarios.

La muerte de la abuela de Esthy es totalmente gratuita.

Si la serie se basa “libremente” (demasiado libremente) en el libro de Deborah Feldman Unorthodox: The Scandalous Rejection of My Hasidic Roots, ¿por qué los cuatro guionistas, incluyendo a la propia Feldman, no cuidaron este detalle de la historia, luego de darle tanta relevancia a la relación de Esthy con su abuela?

Moishe es de los peores personajes de la serie

El primo Moishe, de quien la mamá de Esther hace un chiste fuera de lugar casi al final de la serie, no va ni viene. Jeff Wilbusch tenía que hacer de un judío malo. Ese era su papel. Lo primero le sale más o menos y lo segundo no. Su personaje es sustancial porque justamente representa enérgicamente algunos de los evidentes desagravios del patriarcado (fuerza bruta, sensibilidad nula, inteligencia emocional cero). ¿Por qué darle tanto espacio a un antagonista que no llega a serlo?

Uno de los momentos más deficientes de Unorthodox

Yanky, el marido esclavizado por una religión tremenda que cree que Dios está en todas partes (como lo creen todas), pero que no presenta nunca deseos de irse de ahí, tiene uno de sus peores momentos en la serie cuando, frente a la decisión de Esthy de dejarlo para siempre, atenta contra sus peots que tiene prohibido quitarse. Todo sucede en una de las peores secuencias de la serie, que debía ser de las más inolvidables.

La excelencia de las series (como la del cine) no depende de sus grandes ideas

El Feminismo mal hecho, que entra en la etiqueta de moda, puede servir, pero debe ser realmente bueno en cuanto a producto que nos ofrecen como telespectadores/as. Si no, como amantes de las series en línea, no sólo una/o se siente estafada/o, sino que también tenemos la impresión de que nos están tomando el pelo, pues consideran que tenemos una visión de análisis nula sobre lo que significa una excelente serie de televisión, sin importar si la hace Netflix o no. A pesar de que la idea sea buena y necesaria, la realización también debe serlo.

Transparent Hand In My Pocket

Hand In My Pocket: ida y vuelta al Shellinfierno

El final de la temporada 3 de Transparent (Amazon Prime) cambia el foco no sólo de la historia, sino de otros personajes, como el de Shelly Pfefferman, en el cuerpo y alma de la grandiosa Judith Light, por ejemplo, cantando Hand In My Pocket de Alanis Morissette.

Transparent, la serie original de Amazon

Transparent (2014-19), Amazon Prime.
Transparent (2014-19), Amazon Prime.

Transparent, original de Amazon Prime (y lo digo no sólo por la producción), hasta afirmaría –y si me equivoco, por favor díganmelo- es única en su especie en televisión analógica y streaming. La serie cuenta la historia de Mort Pfefferman, que ya transcurriendo sus 70 años, decide contarles a sus hijos que toda su vida se ha disfrazado de hombre, que en realidad él ha sido y es una mujer. De aquí la invencible trama llevada a la pantalla chica (¿o sería mejor decir “pantalla múltiple»?) por la genial Jill Solloway, que con 5 temporadas se ha convertido en una serie inolvidable y de culto.

El argumento te puede enganchar o no, pues la tensión no se da por lo que va a pasar en el episodio siguiente, sino más bien por la profundidad de sus personajes y de las situaciones que les ocurren. Cabe aclarar: la familia de Maura (antes Mort) es conflictivamente judía. Así que ella, aun siendo una mujer, es la cabeza del grupo: ha mantenido a su hijo y dos hijas y, prácticamente, ha participado de sus decisiones más importantes como personas adultas.

Shelly Pferfferman: la madre escurridiza

Resulta que la madre de Sarah, Ali y Josh es la escurridiza Shelly Pferfferman. A diferencia de los y las demás protagonistas, es difícil captarla, entenderla y hasta quererla. En cambio, Mort + vástagos son tan accesibles que, a veces, se vuelven redundantes.

Aunque la historia ronda en la vida presente y pasada de Maura, la directora se ocupa de lo que le sucede a su familia, tanto que los sucesos no le pertenecen del todo a la protagonista. Conocemos, bien al estilo De profundis, la tremenda y narcisista existencia de cada integrante del clan Pferfferman, incluyendo a Shelly. Sin embargo, en muchas ocasiones, la mamá queda desdibujada.

Viene la parte cuando se me pone la piel de gallina, mientras canto Hand In My Pocket

Mientras veía uno de los mejores finales de temporada y uno de los mejores capítulos de Transparent, pensaba que su creadora me estaba dando una lección. Yo, al igual que los y las Pferfferman, tampoco había creído en Shelly… como, en cambio, sí lo habían hecho Bussy (su ex) y Trevor, «el gay que vino con su cuarto» en el crucero.

Recomencemos: en este episodio, el clan decide realizar un viaje familiar. Shelly viene de la ruptura con su pareja, cosa que a nadie parece importarle. Durante la travesía en barco, Ali y Sarah reúnen a su familia para practicar una nueva tradición. Alrededor de un plato ritual Haroset convocan a que cada quien cuente qué les esclaviza. Josh, perturbado, sale de la sala. Es el turno de Moppa, como lo han bautizado sus hijas a Maura. (En este momento, no es posible perder de vista los nervios de Shelly). Maura se toma su tiempo para lanzar entre sollozos que su persona está atada a la vergüenza. Nada pareciera superar el dolor de esta confesión. Shelly, anticipándonos ya su decisiva aparición en el final de la serie (Temporada 5) para la cultura judía (así como lo leen), le pide a Ali que se apresure porque debe ir a un ensayo. Por supuesto, nadie tiene idea de qué está hablando. Le advierten que no puede irse, que están allí para conectarse, que tiene que contar su historia.

He aquí mi oportuna sorpresa

Y una Shelly a punto de mutarse ante nuestra mirada entra en escena. Ella no se siente en casa; la ridiculizan y critican a sus espaldas y viran sus ojos para darle a entender que sus palabras no tienen sentido.

Shelly está lista para su One Woman Show

Después de que Maura y sus hijas se quedan mudas, Shelly les aclara que su historia quiere ser oída por ellas. Entonces, la secuencia final comienza con el dolor fuera de escena de Josh (por la muerte de Rita, su amante de la infancia y madre de su hijo). Pero, poco a poco, nos mete, como sólo su directora lo sabe hacer, a las tablas del viaje “De ida y vuelta al Shellinfierno”. Y sí: Maura, Ali y Sarah han conseguido su lugar en el espectáculo y las vemos ahí sentadas, porque sea como sea, cuando puede la familia acompaña.

Escuchan la voz de Shelly que confiesa que algo le sucedió de niña, que ya no la dejó crecer, no saber quién era realmente, y que, por eso, vivía en un capullo. Hasta que su momento llega. Con un solo de piano, comienza a surgir la voz de Shelly diciendo: “I’m broke but I’m happy”.

En efecto, no se equivocan, la enorme Judith Light nos hace el honor de, a través de Shelly, lograr una interpretación increíble de Hand In My Pocket del imprescindible disco de Alanis Morissette Jagged Little Pill (1995).

De aquí en más, todo lo que puedan sentir con la aparición de Shelly es historia. No se pierdan por nada del mundo este episodio 10 de la obra maestra de la televisión que es y será Transparent.

#Texteandoseries #Transparent

Baby TV. La galería del abuelo.

La galería del abuelo, una joya de Baby TV

Baby TV es el primer canal de televisión hecho exclusivamente para bebés, niños y niñas menores de 3 años. La galería del abuelo, una de sus joyas.

Un canal de cabecera

Se trata de emisiones que alternan los diferentes instantes vitales de una personita muy chiquita que está descubriendo su mundo: animales, colores, números, canciones, alimentos, momentos del día, hábitos. A primera vista, y si estamos haciendo zapping como “gente adulta”, este tipo de programas pasa absolutamente desapercibido de nuestra percepción. Sin embargo, cuando tenemos bebés en casa, muy probablemente, este sea nuestro canal de cabecera. Al comienzo, es impensable e increíble ver esta cadena interminable de imágenes casi sin palabras; sólo existen unos pocos códigos rodeados de musiquita muy pero muy simple y bella.

Entonces, un día nos permitimos (o mejor dicho, nos dejamos sorprender) y vemos esta compilación (casi) básica, esencial de la vida. Y, repentinamente, no es solamente un programa que nos engancha, sino varios. Hasta el punto en que nuestros bebés nos llaman la atención porque estamos viendo la tele.

la galería del abuelo
La galería del abuelo. Baby TV.

¿Dónde está el abuelo? ¿Dónde se esconderá?

Dentro de este lapso, cuando nos consentimos y accedemos a ser tan o más chiquitos que nuestros hijos e hijas, somos muy felices –en especial, para mamás y papás que disfrutan de la cultura, por ejemplo, con uno de mis fragmentos preferidos: “La galería del abuelo”.

Un señor muy pintoresco aparece detrás de una tela. Luego un niño muy pequeño –que tiene lentes y un compañero conejo- busca a ese señor pintor y lo saluda con un “Hola” casi inentendible, igual que hablan los bebés. El abuelo le pregunta si quiere jugar a las escondidas. Y aparece una voz que nos pregunta: “¿Dónde está el abuelo? ¿Dónde se esconderá?”.

Frente a muchas opciones, nos enteramos de que se esconde en una galería. El niño, junto con su conejito que vuela, encuentra en cada episodio una pintura distinta y se mete a buscar a su abuelo, como sucede al mejor estilo “Sueños” (1990) de Akira Kurosawa. Mientras, la canción es tan tierna como acogedora y nos vamos de viaje para descubrir dónde está el abuelo. Pinturas rupestres, dibujos en vasijas griegas, arte africano y árabe, en fin, parte de la historia del arte, no sólo occidental –Raphael, Paul Cézanne, Monet- sino mundial, son habitadas por todos, a través del cuerpito de ese niñito y el conejo azul.

Pero lo mejor es cuando, al final, encuentra a su abuelo y se abrazan. Es como si por unos minutos, la cronología de nuestra infancia hasta nuestra vida de hoy se actualizara y sintiéramos, una vez más, el amor de los abuelos y abuelas de cuando todavía no éramos grandes.

Dos recomendaciones en «La galería del abuelo»

Uno de los episodios inolvidables, sin duda, es el escondite del abuelo en la pintura De sterrennacht o Noche estrellada (1889), donde vemos a un pequeñísimo Vincent Van Gogh durmiendo en su cama. Y otro también para no dejar de ver es cuando el niño y el conejo entran en la pintura de Cézanne y juegan al fútbol con un fraile, luego que descienden por un campanario. Se los dejo aquí, para que no se queden con las ganas de descubrir dónde está el abuelo:

Baby TV. «La galería del abuelo»

#TexteandoTV #Lavidaestexto

TV en streaming

Tv en streaming, felicidad con todas las letras

Es muy, pero muy difícil que exista una persona no vea en este momento alguna serie de TV en streaming. ¿Por qué? Pues, porque es una felicidad irrevocable e infinita. Suena exagerado, pero si lo analizamos un poquito, veremos que es así.

Antes de la magia del streaming

Antes de la TV en streaming, quiero decir en tiempos anteriores a este, ver nuestra serie preferida estaba condicionado por muchos factores: que si el día, la hora, el canal, que si teníamos cable o no. Ese placer que sólo era para pocas personas tenía que ver, más que nada, con un fanatismo y también con el lugar en el mundo donde vivíamos. Es claro que las repeticiones de las series –si es que llegaban a nuestros países- tampoco tenían nada de novedoso.

¿Y qué pasaba cuando nos perdíamos un capítulo IMPOSIBLE de volver a ver?

Era la muerte de una parte de nuestro fanatismo. Yo, por ejemplo, seguí una telenovela argentina capítulo por capítulo -cual ritual sagrado sin culpas, aunque con secuelas para mi cabeza de por medio-. Un día de esos, zaz, que se cortó la luz en mi casa y no pude ver uno de las irreemplazables entregas de mi telenovela favorita. Nunca, nunca más pude reparar ese hueco en la cadena de mi placer como telespectadora. Por suerte, hoy, gracias a la tele en streaming, he superado parte de ese trauma adolescente.

TV en Streaming
Ver televisión…antes.

Es que hace décadas atrás las telenovelas –sí, esas con Verónica Castro, Andrea del Boca o Regina Duarte, por mencionar solamente algunas protagonistas de esta larga lista que impactó no sólo en todo América Latina y el Caribe, sino también en Europa y Asia- esas emisiones, decía, eran, en cierto modo, y aunque pongan caras y no estén del todo de acuerdo: como las series de TV de hoy.

La misma emoción de ver TV

Es verdad que esperar el episodio diario o semanal de nuestro programa preferido era todo un acontecimiento, pero, ¿podrían decir que la emoción no es la misma hoy? Nada más que nos bombardeen con el lanzamiento de la nueva temporada de esa serie que nos encanta y nos sentimos felices como lombrices.

Ver televisión en cualquier momento y lugar.

Obviamente que está un poco demás aclarar que toda esta televisión (¿o ya no se trata de TV?) puede disfrutarse en cualquier dispositivo móvil, a cualquier hora y en cualquier lugar del mundo. ¿Acaso no es la FELICIDAD televisiva y placentera con todas las letras?

Además, y una de las mejores cosas, es que TODA esta televisión se puede COMPARTIR dentro de nuestra propia casa, con la familia lejos, los amigos en otra parte del globo y las amigas que convencemos para que no se pierdan esa serie buenísima que acabamos de descubrir.

Sí, extraño los tiempos de antaño, pero, para mí, este tiempo de TV en streaming ES MEJOR.

#TexteandoTVSeries #Lavidaestexto