Montreal en otoño

Empieza el otoño en Montreal…

Es sabido que no es lo mismo la personalidad de la gente que vive entre montañas, cerca del mar, entre mesetas o en una isla.

En el siglo XIX, los grandes románticos influenciaban su escritura dependiendo del estado del tiempo y del espacio donde se encontraban. Goethe escribe en su inolvidable Werther (1774) qué tanto efecto tiene una tormenta para que se enamore perdidamente de su imposible Charlotte. Y todo parece muy lógico, como cuando empieza el otoño-invierno en Montreal.

Los contextos geográficos y la temperatura de los distintos espacios intervienen enormemente en nuestra manera de ser, cuestión que a la vez cambia en cada persona. Claro que también hay generalidades (siempre con excepciones): cuando llueve o está nublado, no nos dan ganas de hacer nada y, si hay sol, la energía se fortalece y emerge como loca.

Hay lugares del mapa donde el día a día sucede a -42 grados bajo cero o a 35 grados todo el año. Existen experiencias de habitantes que pasan su año seis meses con sol y seis a oscuras. Por supuesto, estas evidencias climáticas van acompañadas de diferentes expresiones de arte. Parece que la apertura del mar inspira, pero la cerradura de las montañas también. Un clima marítimo ejerce cierto vértigo feliz (y no tanto) y las montañas, en cambio, una especie de contención tórrida y estática. La gente que vive en las islas se siente desprendida del mundo y festejan sus días, casi como si fuese el último. Y una tempête de neige o la llegada del otoño de ciertos paralelos del mundo ocasiona manifestaciones vitales y artísticas siniguales…como en Montreal.

Gaspesie, Québec. Esperando que la nieve se derrita. Cortesía de Pierre André.

Acaba de empezar el otoño en Montreal…

Sí, acaba de empezar el otoño en Montreal. En una de las ciudades más cosmopolitas y bellas del mundo, esta estación pronto será la introducción al invierno que llega lenta, pero estrepitosamente y se queda casi 9 meses con la población de la provincia de Quebec en Canadá. La nieve y el frío tienen una presencia tangible y sentimental de amor-odio, que, al mismo tiempo, significa una identidad tan blanca y única, que no puede eludirse.

Entonces, las hojas de septiembre del otoño en Montreal anuncian que ya hay que comer un poco más de calorías, dejar las ensaladas atrás y, en lo posible, estar a tono con cuanta actividad cultural aparezca: desde la Nuit Blanche a toda clase de ciclos de cine posible. Sin embargo, también hay personas que se adaptan perfectamente a esta clase de vida y adoran los deportes de invierno o sentir el saludo del frío en la cara.

Por eso, el famoso Festival de Jazz de Montreal sucede en las calles de un verano explosivo, lleno de colores y una euforia que se exterioriza y se vive con una plenitud, sólo entendible luego de pasar meses bajo un polo norte en francés

Es un hecho, los extremos son difíciles de sobrellevar, pero también son una experiencia única en la vida. Muy probablemente, el maravilloso mundo cultural, cosmopolita y amable del Monte Real tiene una relación tan estrecha como cálida con esta gélida y extraña météo que vive su extra-ordinaria población. Será por eso que les montréales tuvieron a uno de los más geniales escritores románticos: Émile Nelligan. Y ahora tienen una canción que te da la bienvenida y te hace dar muchas ganas de irte un ratito para allá.

Ariane Moffatt – Montréal (2006).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *